Un mundo de sensaciones

Tengo los ojos muertos.

Cierto que huí de los fastos y los oropeles, y que jamás puse en venta ninguna quimera. Siempre evité ser un súbdito de los laureles porque vivir era un vértigo y no una carrera.
Cierto que no prescindí de ningún laberinto que amenazara con un callejón sin salida. Ante otro más de lo mismo, creí en lo distinto porque vivir era búsqueda y no una guarida.
Cierto que cuando aprendí que la vida iba en serio quise quemarla deprisa jugando con fuego. Y me abrasé defendiendo mi propio criterio, porque vivir era más que unas reglas en juego.
Pero quiero que me digas, amor, que no todo fue naufragar por haber creído que amar era el verbo más bello. Dímelo, me va la vida en ello.
Final de calle, el camino tambien termina. Pero siempre hay un comienzo diferente para sentir el viento y la sal, y el cielo y el pasto, y los abrazos duros en guantes de cuero. Para ver tus cromos y tus ciertas pasiones en cada curva, en cada recta, en cada segundo de tiempo que me alejo de vos.